Relatos y Cuentos de Humor
El autosecuestrado Ferreira:
Crónica de un secuestro anunciado

El mundo criminal ofrece una multiplicidad de opciones, que van desde el asesinato a sueldo a la venta de verduras.
Acaso la más triste ocupación criminal sea el auto secuestro, o al menos así lo demostró "El encapuchado Domínguez", seudónimo del auto-secuestrado Arturo Ferreira.
Las motivaciones que empujan a un hombre al delito pueden ser innumerables y oscuras. Para Arturo Ferreira fue la simple codicia. Hijo de un hombre de riqueza, Ferreira decidió auto secuestrarse para gozar de la fortuna familiar. Ese simple elemento está en la base de su carrera criminal.
Único hijo de un hombre enfermo que no se decidía a morir, elige el auto secuestro como solución. Sin embargo, pronto se encuentra con una gran dificultad: revelando el nombre del secuestrado se revelaba también el nombre de secuestrador. El problema lo ocupa por días ¿Cómo auto secuestrarse y evitar se descubierto? Finalmente arriba a una solución: emprender un viaje, crearse una nueva identidad ("el encapuchado Domínguez") y recién en ese momento auto secuestrarse.
Ya en viaje, Arturo Ferreira se decide a escribir una carta de rescate. Allí pone en marcha su plan. Escribe a su padre: "Alguien de su familia a sido auto-secuestrado. No podemos darle más datos. Si desea volver a ver a ese alguien con vida deberá pagar 1000000 dólares". El padre de Ferreira apenas puede amortiguar el golpe de la noticia y el aliento le falta por unos instantes. Pronto puede calmarse. Piensa y piensa quien puede ser el auto secuestrado y se comunica con su hijo Arturo. El joven niega haber sido auto secuestrado y le aconseja que actúe con cautela. Su padre, sumamente enojado, afirma que no pagará ningún rescate, dado que solo pagaría por la vida de su hijo.
Ante el eventual fracaso, Arturo Ferreira no cede en su plan. Supone que debe ser más agresivo, infundir terror. Decide enviar una prueba de vida y una amenaza. Escribe una nueva carta la cual acompaña con su pulgar derecho.
Días más tarde el padre de Ferreira recibe la extraña encomienda. Al abrir el paquete siente una puntada de dolor en el pecho y le cuesta recuperarse. Siente repugnancia y horror. No necesita leer la carta. Sabe que no pagará. No se dejará intimidar.
Arturo Ferreira espera y el dinero no llega. Desesperado, toma una decisión terrible. A los pocos días su padre recibe una nueva encomienda. Duda y teme por el contenido. El paquete es enorme. Lo abre y encuentra una nueva carta y, mal envuelta en una sábana, una pierna humana.
Don Ferreira no llega a leer. El corazón no se lo permite y muere.
Al velorio asisten parientes y algunos policías de incógnito. Horas más llega Arturo rengueando. La policía no quiere apresurarse. Observa los movimientos torpes de Arturo, sus múltiples caídas y la pernera del pantalón recogida a la altura de los genitales. Además usa una muleta para ayudarse. Los policías sospechan y lo detienen.
Una vez en la cárcel, traen la pierna de Ferreira y se la muestran. Por unos instantes, finge desconocerla. Incluso niega que le falte una extremidad. Luego, entre forcejeos, le apoyan la pierna cercenada en la ingle. Esta calza como el zapato de Cenicienta. Sin embargo Ferreira niega que se trate de su pierna y afirma que perdió la suya jugando a los naipes. Sus argumentos no son creíbles. Tampoco puede explicar la ausencia de su dedo. Afirma que el frío se lo ha encogido. Nadie le cree. Es sometido a juicio y condenado a 130 años de prisión.
El largo encierro lo vuelve creativo. Concibe un nuevo plan. Logra hacer enviar una carta al juez que lo condenó. En ella explica que han detenido a un inocente, que todavía hay un secuestrado y firma como "El encapuchado Domínguez". Agrega a esta declaración su otra pierna.
El juez descree de la veracidad de la nota. Ferreira continúa con su plan. Con los meses el juez recibirá una mano, un brazo, dos orejas y muchas cartas. El remitente es siempre "El encapuchado Domínguez". El juez ya no abrirá las cartas.
Pasados tres años el juez se sorprende de no recibir más cartas. Curioso, se dirige a la cárcel. Los policías le dicen que hace días que no ven a Ferreira. Sospechando, solicita ser llevado a la celda de aquel. A medida que se acercan tiene un mal presentimiento.
La celda esta vacía. Tan solo una nota encuentran. En ella, Ferreira ha escrito: "Hoy he enviado mi cabeza por correo. Al fin he logrado fugarme completamente".
Informe: Lic. Cristian Spaivak© para Solo Enanos Humor.