Sociedad
Vivir hoy:
Estan refaccionando mi baño
y no tengo donde evacuar

El hombre es, sin lugar a dudas, el animal que más desperdicios produce. Claro que no se limita solo a provocar simple basura. Recientes investigaciones señalan que el hombre moderno produce 213,54 kilogramos de excrementos al año. ¿Qué hacer con esta sobreproducción? Nuestras sociedades han creado modos de deshacerse de estos incómodos sobrantes. Sin embargo estos modos no siempre funcionan. Uno de los peligros más usuales que corremos en la actualidad es la carencia de espacios públicos donde abandonar nuestros desperdicios. Por ejemplo, desde hace años los bares impiden el acceso a baños públicos a la gente en general. Ahora, un hecho común y poco comentado, es la situación de riesgo que se produce cuando, por diversos motivos, nos vemos privados del uso de nuestros baños. En ese momento, careciendo de un sitio adecuado, corremos el peligro de transformarnos en simples bestias.
Hector F. nos relata sus vivencias: "En mi departamento hubo que cambiar la cloaca. El plomero me anunció que la obra tardaría unos 15 días y que, por lo tanto, debía buscarme sitio donde deponer. Pensé que podría arreglarme usando baldes o floreros, cosa que utilicé en los primeros dos días. También hacía horas extras en el trabajo, con el solo fin de tener un sitio donde expresarme libremente, si se me permite la metáfora. Al quinto día, la peste había invadido mi vivienda. Ni las ventanas abiertas podían cambiar el aire viciado. Ya había utilizado todos los recipientes de mi hogar, incluidos los cajones. Me junté de valor y fui a casa de un vecino. Le toqué el timbre y mi voz, totalmente segura, dijo: Vengo a cagar. Mi vecino solo atinó a prestarme el diario".
"La vida nos enfrenta a situaciones límites", explica la Lic. Claudia Rosso, "en esos momentos es que forjamos nuestro carácter y comprendemos quienes somos en realidad. Cualquiera puede parecer un embajador en una reunión de negocios, pero ¿qué sucede con esa misma persona si debe vivir en el desagüe de una cloaca o si trabaja vendiendo cospeles para el subterráneo?"
Leandro J., operario, cuenta su historia: "Tuve problemas en mi departamento y me clausuraron el baño. Para volver a usarlo debía pagar un dineral. No sabía que hacer. Soy alguien que no sabe pedir ayuda. Pensé y pensé y encontré una solución. Comencé a visitar a mi vecino de al lado. Apenas me levantaba, me hacía invitar el desayuno y aprovechaba para hacer mis necesidades. Mi anfitrión no dejaba de mostrar asombro ante mis insistentes visitas, que comenzaban a las 4 de mañana y culminaban a la 1 del día siguiente, hora en que lavo mis dientes. Inventé miles de excusas y creo que él nunca sospechó. Para ocultar mis intenciones, le hacía regalos, siempre tenía algún comentario y le festejaba los chistes. Con el tiempo comenzamos a vivir juntos. Ahora él cree que lo amo y yo guardo mi secreto".
La vida en la modernidad nos empuja a un consumo desmedido, pero no nos prodiga sitios donde desligarnos de la basura. Hoy día, cualquier hogar, parece un tienda de electrodoméstico y siempre tenemos un cuarto donde ocultamos lo inútil. La felicidad se mide por las posesiones y, las tristezas, por las deposiciones. El sufrimiento se encuentra en el mismo envoltorio de los productos que compramos, los cuales prometen alegrías y nunca terminan de satisfacernos. Quizá encontremos sosiego en la celebrada frase del Apologista Esteban Ilacqua, quien decía: "Ahora hablan mucho de modernidad, pero modernos eran los de antes".
Lic. Victorino Kurcio ©2007 Solo Enanos Humor