Misterios y Secretos
El enigma de la Biblioteca
Un caso de Oliver Jamovsky

La misteriosa desaparición de Hermann Gotielb había ocupado a los investigadores, sin encontrar solución. Solo la llegada de Oliver Jamovsky pareció encaminar la investigación. Resultaba extraño que un hemipléjico pudiera encaminar algo, pero la afección no parecía perjudicar a Jamovsky. Tampoco lo hacían su silla de ruedas ni el ano contra natura, que gustaba acariciar cuando pensaba. Jamovsky era una mente fría, lógica, sobre un cuerpo que apenas podía contenerlo. Y de hecho, Jamovsky tenía problemas de contención.
Hermann Gotielb sufría de amnesia. Si bien poseía 12594 millones de dólares, había trabajado 49 años en la biblioteca pública y vivía con un sueldo de 218,25 dólares. Se decía que era un millonario excéntrico. La realidad resultaba más triste: había ocultado su fortuna y no recordaba donde.
Nadie sabía que había sucedido con Gotielb. En su casa no había muestras de violencia y ningún secuestrador pidió rescate por él. Los investigadores solo encontraron una treintena de agendas, todas de idéntico aspecto y con los mismos datos escritos. También miles de latas de atún y una nota, en la que Hermann Gotielb donaba sus agendas a la biblioteca pública. En la casa no había un mísero dólar. Dentro del ropero hallaron un kimono y una peluca de Geisha. Los representantes de la ley dieron por cerrado el caso, afirmando que Gotielb había cambiado su identidad y se dedicaba a la prostitución en Kyoto, capital mundial del atún.
Fue en ese momento que convocaron a Oliver Jamovsky. La biblioteca pública necesitaba un reemplazante para Gotielb. Jamovsky aceptó de inmediato. Pensaba que mientras trabajaba, resolvería el enigma. Si las cosas iban bien, encontraría a Gotielb o a su fortuna. Si las cosas iban mal, ganaría 54 dólares a la semana. Es decir que saldría ganando de todos modos.
La casualidad orientó su búsqueda. Tomó una de las agendas de Gotielb. Los nombres escritos eran extraños y no estaban ordenados por el alfabeto. El primero era Muerte, el segundo Fortuna, el tercero Prostitución y la lista continuaba. Jamovsky se decidió por llamar a Prostitución. Le atendió una mujer, quien lo insultó largamente y amenazó con romperle las piernas si volvía a molestarla. Como tantas veces le sucediera en momentos de zozobra, Jamovsky se había orinado.
Avergonzado, buscó algo con que limpiarse y tomó un volumen de "Moby Dick". Mientras se disponía a arrancar una hoja, notó unos números escritos y una frase subrayada. Luego tomó un ejemplar de "Anales de la Princesa Rusa" y también halló números y frases marcadas.
Jamovsky no tardó en comprender que la agenda en verdad era un código, el cual se refería a frases en los libros. Sospechó que juntando esas frases se armaría un texto.
Las siguientes semanas la dedicó a reordenar el escrito. Copió las frases y armó una especie de relato de 12594 páginas. Jamovsky reconoció en esa cifra los millones de Gotielb. El texto obtenido se titulaba "El Tao del Atún". En la primera hoja se alertaba que el libro orientaba a la Felicidad y la Fortuna. Jamovsky, excitado, volvió a orinarse.
Robando horas a su trabajo, leyó el escrito. Era un bodrio. Sin embargo notó que la frase "Abrete Sésamo" se repetía 12594 veces. Se detuvo a reflexionar. El ejemplar 12594 de la biblioteca pública era "Las mil y una noches", mientras que en el tomo 12 se encontraba la historia de Ali Baba. A Jamovsky, envuelto en pañales, no le importó orinarse.
Buscó la página 594 y allí encontró borroneada la frase "Abrete Sésamo" y escrito en un margen se leía "ver en el segundo cajón del escritorio". Jamovsky, temblando como un perro mojado en Alaska, abrió el cajón.
Ocultos bajo sobres y papeles, halló dos latas de atún y un abre latas. Jamovsky lanzó una carcajada.
Había comprendido porque se decía que Gotielb era un excéntrico y un amnésico.
Jamovsky jamás volvió a probar el atún.
Lic. Cristian Saivak ©2007 Solo Enanos Humor