Misterios y Secretos
El metodo Milgram y el movimiento sensualista:
Historia de los movimientos teatrales

El teatro intenta que el espectador se involucre en la historia, en una inmediatez emocional que el cine no logra alcanzar. Desde los comienzos, han sido los actores los encargados de transportar al público teatral a mundos posibles, donde las emociones puedan desplegarse. Es cierto que para el desarrollo de estas emociones ha habido siempre una distancia: el escenario. En esa distancia que hay entre el público y los actores, las emociones son amortiguadas y, a veces, se pierden.
A fines de 1990, una nueva camada de autores teatrales quiso que la brecha emocional se acortara. Ese movimiento dramatúrgico se llamó “El sensualismo” y fue Eduard Milgram su máximo exponente.
El postulado más importante de los sensualistas fue abolir el uso del escenario. Para ello se pensó en representar las obras en escenarios naturales o de uso cotidiano. Era necesario que los actores se involucren con los espectadores, que se mezclen con ellos, para que la emoción se viva en su máxima intensidad.
En 1991 se estrena, en Estocolmo, “La discusión”, primera obra teatral escrita y dirigida por Milgram. El sitio elegido para la representación fue un salón de reuniones. Allí, el público, accedía a una fiesta. El inmenso salón alojaba mesas, sillas, y diversos alimentos. Entre el público se mezclaba una serie de actores desconocidos. Luego de una hora de música, charla y copetines, uno de los actores comenzaba a quejarse. Reclamaba por el inicio de la función. En eso, otro actor, fingiendo ser un actor, le respondía con violencia. Luego, otros actores se involucraban en la disputa, mediante gritos, insultos y lanzamiento de saladitos y mesas. La experiencia era muy emotiva y los espectadores salían conmocionados y, varias veces, levemente lesionados.
El segundo intento de Milgram fue más provocador. Pensó que la idea general del teatro era que un grupo mayor de personas presenciara la actuación de un grupo menor. Utilizando el recurso sensualista de provocar emociones, estrenó en 1993 “La familia”. La idea general era poner en escena una reunión familiar. Para ello se usaba de escenario un restaurant, una larga mesa, 14 actores y un espectador. Durante la comida se suscitaban diálogos insípidos, se daban consejos olvidables y se elevaba la voz sin razón. El espectador pagaba la cuenta.
La reacción del público ante “La familia” fue diversa. La crítica habló de estafa, de un grupo de delincuentes que se hacían pagar el almuerzo. Sin embargo tuvo gran difusión entre los asistentes a grupos de “solos y solas”.
Sin embargo el genio de Milgram no se agotaba ni se dejaba influir por el rechazo. En 1995 estrena un unipersonal. La idea era trabajar con un grupo pequeño de espectadores. La obra, protagonizada por la pulposa Elizabeth Berzorini, se llamó “La prostituta y los cinco hombres”. En esta oportunidad la crítica vino de la misma Berzorini, quien pidió una modificación en el guión y en el título. A partir de 1996 la obra comenzó a llamarse “La prostituta y el hombre”.
Poco se supo luego de Milgram. Algunos hablaron de un pronto deterioro en su proceso creativo, otros mencionaron un proceso por proxenetismo.
Sin embargo la genialidad de Milgram fue triunfante. Actualmente su obra “La prostituta y el hombre” es representada en varios países y con éxito creciente, aunque no siempre la protagonista y el espectador sepan que participan de un guión preestablecido.
Lic. Victorino Kurcio ©2007 Solo Enanos Humor