Critica de cine
Un Hombre Lobo perseguido por la perrera
Días atrás se estrenó en Sidney la última aberración filmica del director español Fermín Ojeda. Todo indica que el film será un fracaso. La obra se lo merece. Esta es la tercera producción de un director que supo crear grandes espectativas y que se rebeló como un retrasado mental. Su ultimo fiasco había sido "Vampiros sin colmillos", una obra decadente y pasatista.
En esta oportunidad Ojeda retoma el mito del hombre lobo y, como en su película anterior, cae en el facil recurso de la parodia. La idea general es presentar a Michael Waldorf, un joven ejecutivo sin escrupulos quien, mediante la estafa, deja a una familia de gitanos en la calle. Ellos lo maldicen y Waldorf ríe. Esa misma noche el joven es mordido por un lobo y cae preso de la licantropia.
Como era de prever Waldorf es enano. El guión se apoya en este recurso para desarrollar una serie de situaciones que deberían ser cómicas. Para empezar, el protagonista no se trasforma cuando hay luna llena, sino cuando hay media luna.
Ojeda cae en gags remanidos: por ejemplo, en la escena en que el licantropo es adoptado por un ciego, que lo confunde con su pequinez lazarillo o cuando un Doberman lo arrincona, para sodomizarlo y tienen que rescatarlo con un chorro de soda fría.
Un tanto más graciosa resulta la escena en que el hombre lobo, queriendo atacar a la doncella de turno, solo alcanza a apresarle una pierna; la camara se aleja y los movimientos convulsivos del frustrado asesino recuerdan más a un perro alzado que ha otra cosa.
El filme repunta cuando Waldorf, pasado el tiempo de la licantropia y vuelto humano, se cree perseguido por la justicia y decide vivir con el ciego, bajo el equívoco de ser su perro pequinez. En ese momento se ata un felpudo al lomo y se queda afonico intentando ladrar. Sin embargo las caricias de su circunstacial dueño, delatan una piel casi ausente de pelo, lo cual propicia que sea llevado al veterinario.
Hacia el final Waldorf se redime, los gitanos lo perdonan y recupera condición de hombre. Aquí el director recurre al sentimentalismo. Waldorf, que se ha convertido en una persona noble, pretende seguir fingiendo ser un pequinez para mantenerle la ilusión al ciego. El filme termina con ambos paseando por las calles de Sidney, mientras el protagonista orina contra los árboles levantando una pata.
Se espera que la obra sea estrenada en nuestro país en mayo del proximo año.
Lic. Victorino Kurcio ©2007 Solo Enanos Humor