Relatos y Cuentos de Humor


Mitos nacionales:
El Caballo de Magoya

Sitio de Magoya

Los muertos se apilaban como troncos. Los juntaron con palas mientras hubo fuerzas, pero desde hacía tiempo los dejaban donde caían. Cada tanto, en la noche, se escuchaba los gritos de algún emboscado y los relinchos del caballo del general Solar e Iñiguez, único prócer enano de nuestra independencia.
Gonzalo Solar e Iñiguez había partido con 35000 hombres para atacar al invasor. En menos de un mes la tropa se había reducido a una veintena, y eso sin mediar batalla. El enemigo era ladino y actuaba por sorpresa. Ponían una mujer hermosa, a medio vestir, en el camino, que convocaba a los soldados con gestos sugerentes. Cuando el combatiente se acercaba, era salvajemente asesinado por el traidor enemigo. De esa manera murieron 23780 soldados en dos semanas. Otros perecieron al encontrar alguna billetera explosiva en medio de la selva o por patear una pelota que contenía una mina.
Llegó el momento en que estuvieron rodeados en las Sierras de Magoya. La tropa de Solar contaba con 18 hombres. Sabían que su destino era morir como ratas, pero no se entr egaban. Esperaban que su líder los sacara de la mala, que los dirigiera a la victoria.
Gonzalo Solar e Iñiguez no era militar de carrera. Era un hombre de letras, lector de los clásicos, que tomó las armas para defender a su patria. Abandonó sus queridos libros y se puso al mando de un ejercito, llevando consigo a Cincinato, su apreciado caballo. Ese hermoso animal, que había ganado mas de un concurso de belleza, fue una pieza fundamental en nuestra independencia.
Estaban atrapados en una cañada. Los alimentos faltaban hacía días y no había que beber, a excepción de la orina de Cincinato. Solar se había encerrado en su tienda. Necesitaba pensar, encontrar el modo de torcer el destino y convertir la derrota en un triunfo.
Sitio de MagoyaEra una época que necesitaba de hombres valientes, que postergaran sus ambiciones personales para engrandecer una nación en ciernes. Gonzalo Solar decidió entregar su mas amada posesión, su caballo, en un intento desesperado. El general de los invasores prometió ser benévolo con los derrotados y recibió el regalo como una señal de triunfo. Sabía de la fama del animal y quiso tenerlo cerca mientras dormía, para evitar tentaciones entre su tropa.
Esa noche un relincho delicado inundo la noche, tan suave que no interrumpió el dormir del general enemigo. Tampoco lo despertaron los forcejeos con la carne y los huesos, ni el chasquido que el recto de Cincinato hizo cuando expulsó al enano General Solar e Iñiguez. Tampoco lo despertó el nauseabundo aroma en las prendas del prócer y apenas sintió el filo que le abrió la garganta.
Nuestro libertador se había introducido en la zona más profunda de su fiel caballo, quien soportó la afrenta en silencio, y por doce horas estuvo encerrado, doce horas en la que contuvo la respiración, atravesando las líneas enemigas, aguardando el momento propicio para cortar la cabeza que torcería la historia.
Al día siguiente la tropa enemiga, sin tener quien la dirigiera, se había dado a la fuga. Mientras huían, comprendieron que habían caído en una vieja trampa y llamaron a Cincinato "El caballo de Magoya".

Informe: Lic. Cristian Spaivak© para Solo Enanos Humor.