Relatos y Cuentos de Humor

 

Arte Callejero y Pop
El enano Meador

Todo barrio tiene sus personajes prototípicos y Manhattan no queda excento de esta generalidad. A comienzos de los `60, Ferdinando Masquino, inmigrante Filipino, se ganó fama orinando en la vía pública del barrio de Woody Allen. Para muchos el orinado puede ser una práctica desagradable pero el joven Masquino, enano de nacimiento, no era una simple descarga sino la realización de una obra que lindaba con la proeza. Comentan que era capáz de derribar latas de pintura o perforar puertas de aglomerado con la sola potencia de sus micciones. A estas pruebas, que realizaba como artísta callejero, las denominaba "Wee-Wee Art".

Al poco de llegar a EEUU, Ferdinando, se satisfacía con realizar sus micciones contra árboles o tomas de agua, mientras algunos de los caminantes ocasionales aplaudían la libertad de este joven enano. Mas pronto encontró el modo de hacer de sus residuos una forma de vida y de sustento.

La casualidad quiso que deviniera artista. Se comenta que el error de cálculo lo llevó a descargar sus aguas contra la humanidad de un Caniche Toy, provocándole la voladura del ojo izquierdo. Arte callejero

Este accidente se hizo mito en las calles y pronto sus historias se hicieron legendarias y las gentes de otras ciudades quisieron conocerlo. Los años de los graffities todavía no llegaba y las estatuas vivientes estaban por nacer. Ferdinando venía a poner una bocanada de aire renovado en la escena del arte callejero, una remojada en el baño de la inspiración.

Luego vinieron los años de la gloria, como cuando empujó un autobus hasta New Jersey a fuerza de meadas viriles o cuando apagó los incendio de Tiffany`s con el solo jugo de sus riñones.

Y así como la fama se le presentó sonriente, en poco tiempo lo abandonó sin desperdirse. En los años del olvido Ferdinando se dedicó a la bebida y el carácter se le puso malo y las meadas se le volvieron suaves. Vivió con desdicha y amargado.

Arte Callejero

La gente le negó primero la ovación y luego el aplauso. Su público necesitaba de nuevas atracciones y cansado de presenciar la caída del ídolo, ni se mosqueó el día que unos tipos de la perrera municipal se lo cargaron en su camión para molerlo a palos.

A tres decadas de su desaparición todavía hay quienes alegan haber visto y haber presenciado como Ferdinando abría panes para pancho con filosas meadas de maestro.

Informe: Lic. Cristian Spaivak© para Solo Enanos Humor.