Relatos y Cuentos de Humor
Historias del Crimen
Moni y Clau: Ladrones de calesitas
Claudio (Clau) Roberto Dominguez nace en una cuna humilde, de madera de pino y sin colchón, en las afueras de Bulon. Monica (Moni) Elsa Ramini es hija de padre desconocidos entre ellos y dada en adopción poco antes de nacer.
Ambos tienen una niñez dificil, tan dificil que deciden compartirla y tener media niñez cada uno. De aquellos años les quedan recuerdos amargos. Claudio nunca olvidará que su padre jamás lo llevó a una calesita y ese dato signa su vida. Monica sufría de enuresis y era obligada a dormir con frazada eléctrica.
Un rasgo caracteriza a Claudio Roberto Dominguez: tiene maneras dociles y es corto de carácter, tan corto que a veces ni le alcanza. Moni es apasionada y coleccionista de botellas en miniatura. De ambos se conoce que eran enanos.
La falta de dinero los empuja a la vida violenta. Claudio decide hacerse asesino a sueldo y toma el apodo de "Lucifer". Su carácter naturalmente bonachón hace que no le paguen sus trabajos y de "asesino a sueldo" pasa a ser "asesino de fiado". Pronto el apodo de "Lucifer" le queda grande y se hace conocer con el diminutivo de "Luci". Moni comprende que su pareja los llevará a la ruina: se entera que en un par de oportunidades ha llegado a pagar para cometer los asesinatos. Decide asociársele en el crimen para tenerlo bajo vigilancia.
Su primer golpe conjunto es el asalto a una calesita. Aprovechando su estatura, se mezclan entre los niños. Claudio se sube a los caballitos de madera y Moni espera en un banco de piedra. Claudio es el que debe actuar. Las vueltas se suceden y el joven criminal no ataca. Moni se impacienta.
Los alcanza la noche y se han gastado todos sus ahorros. Hacia el final del día Claudio se alza con la sortija. Desborda de alegría. Moni comprende que todo ha sido una farsa. Se acerca al calesitero y le desbalija la caja. Ambos huyen, mientras Claudio se queja por que no ha podido dar la vuelta que se ha ganado.
Del asalto a mano armada pasan al carterismo. Suben a los colectivos, vestidos con delantales y sacan boletos escolares. En los tumultos aprovechan para cosechar billeteras y para toquetear a las viejas.
El éxito de la nueva profesión los impulsa robar a las salidas de los colegios. Nuevamente utilizan los delantales, se mezclan entre los niños y les roban hasta los chupetines. En cierta oportunidad, un padre distraído, confunde a Claudio con su hijo y se lo lleva a la casa, mientras el asaltante patalea desconsolado. Luego, aprovechando la confunsión, el maleante decide hacerse pagar unas vueltas en la calesita.
Ya en la plaza, elige un trencito de madera y manda al engañado padre a comprar pochoclo. Quiere estar solo. Observa la sortija con deseo. En las vueltas, cada vez que pasa, el calesitero le corre el objeto preciado. Claudio está decidido a hacerse de la sortija. Durante horas observa las maniobras del calesitero; le estudia los muñequeos y los esquives. En una vuelta se siente preparado y al pasar cerca de la sortija se estira más de lo debido. Llega a arañarla pero se ha estirado tanto que cae. Para su desgracia un pie le queda enganchado en el trencito y es arrastrado en círculos hasta ser despedazado por el mecanismo de la calesita. La plaza se inunda de sangre y su carne es triturada. El engañado padre llora desconsolado, mientras los bomberos le entregan en un trapo de piso lo que han podido rescatar del falso hijo.
Informe: Lic. Cristian Spaivak© para Solo Enanos Humor.