Politica
Deserción Presidencial
Si la deserción escolar es un problema de naciones pobres, nuestro país se ha inventado un nuevo flagelo: la deserción presidencial. Ya no hay cabeza de gobierno que nos dure. En diez días nos pasaron como bólidos cuatro tipos y uno renunció dos veces.
Nuestros legisladores se devanan los sesos intentando hacer del sillón presidencial un lugar atractivo. Para ello le han incorporado una serie de innovaciones: rueditas para desplazarse, aire acondicionado o acceso libre al cable codificado. También se ha pensado en promociones tales como acceder a la magistratura sin ser votado o premios económicos por mayor estadía.
El problema de los presidentes volatiles ha provocado que las gentes se culpen por algún crimen que desconocen. Algunos hablan de algún pecado cometido y se lamentan por las calles, desgarran sus vestiduras y se arrojan tierra al rostro. También hacen peregrinaciones a lugares santos donde prometen buena conducta y hacer la vista gorda ante cualquier acto de choreo. Los más osados concurren a los penales y ruegan a los reclusos porque acepten la magistratura.
Los hijos abandonados son los más desdichados. Las sucesivas retiradas de los gobernantes les reviven las situaciones en las que sus padres los dejaron en las escalinatas de alguna iglesia o en la puerta de algún comercio.
Acaso la respuesta más adecuada la den las encuestas. Ellas hablan de un temor generalizado. La corrupción y la desocupación produjeron los cacerolazos. El hambre trajo la ingesta de gatos. Muchos políticos piensan que nuestros compatriotas salen con sus cacerolas para comérselos. Incluso las madres de los legisladores asustan a sus hijos con que sino se portan bien, va a venir gente con cacerolas para incorporárselos. Además, en las revistas femeninas, en la sección de cocina, que ya se había transformado en sección de efemerides, ahora traen recetas de “diputados al vapor” o “senador al uso nostro”.
Lic. Victorino Kurcio © Solo Enanos Humor