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Misterios de la Historia y Mitos nacionales:
Ojo de Tuerto: el triunfo del decapitado



mitos argentinos

Una nueva revelación acerca de la vida del olvidado procer enano, el General Gonzalo Solar e Iñiguez y como con hizo grande a nuestra nación

"Ojo de Tuerto" era un infecto caserío habitado por invasores, que atentaban contra la libertad de nuestro naciente país. Para poner fin a este reducto de criminales, el Estado Nacional envió, a fines de 1815, al valioso General Gonzalo Solar e Iñiguez, único prócer enano de nuestra nación , secundado por el Coronel Ovidio Terrada y Argolla, al frente de 7391 veteranos de guerra. La veteranía no les venía tanto por la experiencia militar como por la edad, ya que el menor de todos, el oriental Julián Ramón Urea, contaba con 57 años en el momento de la campaña.
Al arribo a "Ojo de Tuerto", la tropa del ilustre general Gonzalo Solar e Iñiguez, se dispuso en estrecho círculo, rodeando al repugnante enemigo, que contaba con 83 hombres, mal armados y enfermos pero peligrosos y traicioneros como ratas rabiosas.
La bravuconería de los mal nacidos invasores no se hizo esperar y pronto comenzaron a burlarse de la estatura de nuestro general. No tardaron en mostrar a un enano de jardín, vestido de ropas militares, al cual sometieron a la chanza procaz y a la candonga. Eso fue más de los que pudieron soportar nuestros abnegados defensores, que descargaron el fuego de la metralla y del cañón. Los amariconados enemigos se agacharon al unísono y la tropa nacional, atacada en su orgullo, no se anotició de tan baja estrategia. En minutos el campo de batalla de regaba de sangre patriota. Sin la barrera que representaba el perro invasor, las balas patrias encontraban destino en el pecho de los mismos pobres soldados.
Al terminar la balacera solo continuaban vivos el General Gonzalo Solar e Iñiguez y el Coronel Ovidio Terrada y Argolla: el primero había eludido las balas por su condición de enano y el segundo, porque al comienzo del ataque se estaba atando los cordones. El destino quiso torcer la balanza a favor de los repelentes enemigos: para el momento eran 83 traidores contra 2 valientes. Sin embargo no todo estaba perdido, o al menos así parecía hasta que una perdida bala de cañón vino a dar en el pecho de Ovidio Terrada, quien cayó a tierra.
Desde un pantano de sangre y tripas, el valiente coronel pidió al General Gonzalo Solar e Iñiguez que lo ayude a ponerse en pie. Era una tarea difícil, teniendo en cuenta que Ovidio Terrada y Argolla había perdido el 90% de su cuerpo. En verdad era tan solo una cabeza con un colgajo de carne pendiendo de su mentón. El bravo coronel, entonces, casi ordenó a su general: "Que mi muerte sirva para liberar al país: arrójeme contra el enemigo". Gonzalo Solar e Iñiguez , con los ojos poblados de viriles lágrimas, decidió aprobar la última voluntad de ese hombre y lanzó la cabeza del coronel. Esta voló con elegancia de águila y estuvo a punto de extraviar el blanco, pero, con esfuerzo sobrehumano Ovidio Terrada y Argolla recuperó la trayectoria, usando sus orejas como timón. En instantes había aterrizado en el cuello del comandante enemigo, al que se aferró con los dientes.
mitos nacionales¿Cómo mantenerse neutral ante tamaño gesto de bravura? El campo de batalla se lleno de esperanzas y entonces, uno a uno, los pedazos muertos de nuestro ejercito volvieron a la vida. Ellos querían participar también de la victoria. Un desparramo de manos, brazos y piernas destrozadas, avanzó contra el incrédulo enemigo y a la hora Gonzalo Solar e Iñiguez enarbolaba la enseña patria en "Ojo de Tuerto".
Esa noche, el coronel Ovidio Terrada y Argolla gastaba su último aliento. Poco antes, Solar e Iñiguez, queriendo agradecer el gesto del coronel, tomó una de las tantas medallas de su pecho (una medallita de San Cayentano) y quiso prenderla en su amigo. Y lo hizo en el único sitio reconocible: en su naríz.
Los detractores del General luego dirían que Ovidio Terrada y Argolla había muerto de asfixia.

Informe: Lic. Cristian Spaivak© para Solo Enanos Humor.

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