Anecdotas de la Historia
Vida de Santos:
San Angulo Martir

San Angulo es representado con larga barba, guantes y una bacinilla entre las manos. Se dice que es el protector de los estreñidos, de los diarreicos y de los que sufren de bolos fecales; fue creencia que bastaba con ver su imagen para regularizar el transito intestinal y perder dinero.
Fue enemigo de los millonarios y de los avaros, quienes impidieron su santificación.
Su vida es mezcla de historia, mitos y bebida blanca. Se lo cree nacido en el siglo II, cuando se impuso la moda de los mártires. La nueva religión estaba en pañales, los hombres adoraban falsos dioses y se necesitaba de alguien que los cambiara, a ambos.
Angulo era un hombre rico, que había vivido en la enfermedad. Algún mal le impedía defecar y vivir en plenitud. Había intentando todos los métodos, tanto naturales como antinaturales. Para los primeros, consumía hierbas, verduras y compotas; para los segundos, se valía del apoyo de sus esclavos. Si bien no alcanzaba la curación, sí conoció alguna satisfacción culinaria.
Nada parecía calmarlo. Muchos se acercaron a él, para darle sosiego. Médicos, brujos y publicistas le prometieron la felicidad. En cada uno creyó, a cada uno pagó y ninguno lo curó.
Cierto día, mientras paseaba por su tierra, se encontró con un niño, oculto tras un ciruelo. Tenía el rostro desencajado y lágrimas nublaban sus ojos. Angulo sintió compasión y se acercó al niño. "¿Sufres?", le preguntó, y el niño respondió "sufro porque busco alivio". Angulo se admiró por la profunda respuesta. "¿Por qué te ocultas?", preguntó. El niño respondió: "Porque busco soledad para mi alivio". Nuevamente Angulo se sintió maravillado. Pensó que ese niño le estaba enseñando y pensó en pagarle; entonces preguntó "¿Puedo ofrecerte algo? Debes saber que poseo grandes tesoros". El niño, con expresión de fastidio, respondió: - "Solo quisiera que me alcanzaras unas hojas y que me dejes en paz".
Los días pasaron y Angulo no podía borrar a ese niño de su reflexión. Volvió entonces a su tierra y buscó el ciruelo donde se ocultaba el niño. No tardó en hallarlo. Apenas tapados por las hojas, también halló unos breves excrementos. Pensó que era una señal. Esas hojas eran las mismas que había entregado al niño. También encontró algunos carozos de ciruela. El niño había rechazado sus tesoros y solo había aceptado unas hojas, para luego abandonarlas.
Angulo comprendió que debía separarse de sus tesoros. Despilfarró su fortuna, liberó a sus esclavos y se hundió en la pobreza. Solo le quedó su tierra y su ciruelo, del cual se alimentaba. Sin embargo seguía sin defecar.
Muchos viajeros lo visitaron y con todos habló y a todos recomendó desprenderse de fortuna y comer ciruelas. Entre los visitantes, estuvo Almanodar III, el terrible monarca de Medio Oriente, quien en ese momento intentaba conquistar la otra mitad.
Almanodar III, quien ya conocía la fama de Angulo, se acercó para pedirle consejo. Le dijo que sus bastos reinos eran estériles y que nada crecía en sus tierras. Ofreció a Angulo, a cambio de una solución, permiso para ejercer su ministerio, ya sea en economía o en salud y bienestar social.
Angulo negó con la cabeza. A continuación su rostro se contrajo y luego de unos segundos de íntima reflexión, entregó una bacinilla con excrementos. El sorprendido monarca solo atinó a sacar su espada y degollar a Angulo. Pronto Almanodar III sintió remordimientos: se dijo que había asesinado a un hombre pío, o al menos a un hombre que al ser asesinado no dijo ni pío.
Almanodar III volvió a su tierra, cargando con los restos de Angulo, a quien enterró, con honores, en su tierra estéril.
Pasados los años, esa tierra fue fértil, y en ella florecieron los ciruelos.
Almanodar III perdió su fortuna y su oriente. Ya anciano, seguía sin comprender porque Angulo le había defecado.
Lic. Cristian Saivak ©2007 Solo Enanos Humor